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Ben Morgan interpretando su repertorio de folk acústico como telonero de Ryan Harris en la sala Villanos de Madrid.

Ryan Harris remonta en Villanos tras el inesperado golpe de efecto de Ben Morgan

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Las noches de folk suelen sostenerse sobre un equilibrio delicado, basta una voz, una guitarra y unas cuantas canciones para que todo funcione o para que nada termine de arrancar. El concierto de Ryan Harris en la sala Villanos, dentro de su gira por España, transitó precisamente por esa frontera. Lo que empezó con un protagonista todavía buscando el tono acabó encontrando sentido gracias a una decisión tan sencilla como bajar del escenario y tocar entre la gente. Antes de eso, sin embargo, había ocurrido algo que condicionó toda la velada, la sobresaliente actuación de Ben Morgan.

Ben Morgan dejó de ser un telonero para convertirse en un descubrimiento

Ben Morgan interpretando su repertorio de folk acústico como telonero de Ryan Harris en la sala Villanos de Madrid.

Ben Morgan durante su actuación. / © Un Día, Un Disco.

Abrir un concierto nunca es sencillo, mucho menos cuando buena parte de la sala todavía está acomodándose y el nombre que aparece en el cartel apenas resulta familiar. Ben Morgan salió sin más compañía que una guitarra acústica y una voz moldeada para este tipo de escenarios. Su propuesta encaja en esa tradición del folk canadiense que encuentra en la contención una virtud, las canciones respiraban con calma, sin prisas por alcanzar un estribillo ni necesidad de adornarse. Había momentos que recordaban a la intimidad de José González y otros donde la voz adquiría una aspereza cercana a Damien Rice o Glen Hansard, aunque siempre desde un lugar propio.

Lo llamativo fue comprobar cómo la curiosidad inicial fue dejando paso a una atención cada vez mayor. Muchos asistentes habían llegado sin conocer su nombre y terminaron siguiéndolo con un silencio poco habitual para una actuación de apertura, esa es una de las mejores noticias que puede llevarse un telonero al terminar un concierto.

Ryan Harris tardó en encontrar el concierto que había imaginado

Con ese precedente apareció Ryan Harris, y, quizá de forma inevitable, el contraste se hizo evidente. El canadiense afrontó el comienzo con cierta rigidez, las canciones mantenían el pulso melódico que caracteriza su repertorio, pero la interpretación todavía parecía contenerse. Hubo pequeños signos de nerviosismo, pausas que rompían el flujo natural de la actuación y una sensación de prudencia que terminó marcando los primeros compases del concierto. No era una cuestión de repertorio, tampoco de sonido, daba la impresión de que Harris necesitaba varios temas para instalarse definitivamente en la sala. Villanos tampoco ayuda cuando el artista todavía no ha encontrado esa confianza, es un espacio que premia la cercanía, pero exige construirla poco a poco. En ese primer tramo todavía existía una cierta distancia entre escenario y platea, como si ambas partes estuvieran esperando que alguien diera el primer paso.

Ese paso terminó dándolo el propio Ryan Harris, en uno de los momentos más acertados del concierto abandonó el escenario y se situó entre el público para interpretar parte del repertorio en formato completamente unplugged. Fue un gesto sencillo, aunque determinante. De repente desapareció la barrera física que había acompañado toda la primera parte de la actuación y el concierto empezó a parecerse mucho más al tipo de música que Harris escribe. La cercanía hizo aflorar también cierta fragilidad, los nervios seguían ahí y en algún momento incluso le jugaron una mala pasada. Sin embargo, lejos de perjudicar la interpretación, terminaron aportando una naturalidad que hasta entonces había costado encontrar. El músico dejó de pelear contra esa incomodidad inicial y empezó a convivir con ella. La respuesta de la sala cambió al mismo tiempo, las conversaciones fueron apagándose y la atención se concentró en algo tan elemental como una voz y una guitarra. No hubo necesidad de grandes recursos para sostener ese momento, bastó con que las canciones encontraran el espacio adecuado.

Cuando los clásicos llegaron, todo tenía otro sentido

Ese cambio de dinámica terminó beneficiando también al repertorio. Las composiciones más conocidas aparecieron cuando la conexión con el público ya estaba construida y se percibieron de una manera muy distinta a las primeras canciones del concierto. Ryan Harris sonó entonces mucho más reconocible, más cómodo, más libre. Su manera de entender el folk sigue moviéndose dentro de unas coordenadas donde es fácil encontrar afinidades con artistas como Iron & Wine, Ben Howard o incluso Neil Young, aunque su propuesta evita apoyarse en esas referencias para construir una identidad propia. Lo interesante de la actuación en Madrid fue comprobar cómo esa personalidad tardó unos cuantos temas en emerger y terminó imponiéndose precisamente cuando el concierto renunció a cualquier artificio. No fue una actuación perfecta, tampoco pareció buscarlo y probablemente ahí reside buena parte de su interés.

Dos canadienses, dos formas distintas de entender la misma música

El concierto dejó una imagen difícil de ignorar. Por un lado, Ben Morgan aprovechó su condición de telonero para presentarse ante un público que apenas sabía quién era unas horas antes. Por otro, Ryan Harris necesitó recorrer un camino más largo hasta encontrar la versión más convincente de sí mismo. Lejos de competir, ambas actuaciones terminaron dialogando entre sí. Morgan mostró desde el principio una naturalidad que Harris fue conquistando poco a poco. El primero sorprendió. El segundo convenció.

Ese contraste acabó definiendo una noche que difícilmente puede resumirse en una sucesión de canciones. Fue un concierto atravesado por una evolución visible, por pequeños ajustes sobre la marcha y por una decisión escénica que cambió el sentido de todo lo anterior. En tiempos donde muchos directos buscan impresionar acumulando estímulos, Ryan Harris terminó encontrando su mejor argumento justo cuando redujo el concierto a su mínima expresión, una guitarra, una voz y la distancia exacta para dejar de existir entre el artista y quienes habían ido a escucharle.

Las noches de folk suelen sostenerse sobre un equilibrio delicado, basta una voz, una guitarra y unas cuantas canciones para que todo funcione o para que nada termine de arrancar. El concierto de Ryan Harris en la sala Villanos, dentro de su gira por España, transitó precisamente por esa frontera, lo que empezó con un protagonista todavía buscando el tono acabó encontrando sentido gracias a una decisión tan sencilla como bajar del escenario y tocar entre la gente. Antes de eso, sin embargo, había ocurrido algo que condicionó toda la velada, la sobresaliente actuación de Ben Morgan.

Kerala Dust

Kerala Dust presentará su universo electrónico en Madrid el viernes 24 de octubre

By Actualidad, Conciertos

El trío londinense llega a la Sala La Paqui con su mezcla hipnótica de electrónica, blues y krautrock

Kerala Dust, una de las bandas más singulares de la escena electrónica europea, actúan este viernes 24 de octubre en la Sala La Paqui (antigua But) de Madrid dentro de su gira internacional Violet Drive Tour. Con una propuesta que desdibuja las fronteras entre el club y el escenario, el grupo formado por Edmund Kenny, Harvey Grant y Lawrence Howarth promete una noche donde la electrónica respira, se estira y se transforma en algo orgánico y vivo.

Su paso por la capital se enmarca dentro de un tour europeo que ha recorrido ciudades como París, Ámsterdam y Praga, y que concluirá en Berlín a finales de mes. En Madrid, los británicos ofrecerán uno de los directos más esperados por los amantes de la electrónica alternativa, con un sonido que se mueve entre la melancolía urbana y el pulso nocturno.

Un sonido que nace del contraste

Formados en Londres en 2016, Kerala Dust se han convertido en una rara avis dentro del panorama electrónico. Lejos de la frialdad del laptop, su música se alimenta del contacto humano: sintetizadores analógicos que dialogan con guitarras repletas de eco, líneas de bajo que recuerdan al trip hop de los noventa y una voz grave que parece arrastrar toda la resaca emocional de la madrugada.

Influenciados por artistas como Tom Waits, Brian Eno o Nicolas Jaar, el trío ha desarrollado un estilo difícil de etiquetar, en el que conviven el krautrock, el house más atmosférico y el blues existencial. Su sonido evoca movimiento, como si cada canción fuera un viaje por carreteras vacías o por la pista de un club que nunca duerme.

Violet Drive (2023), su segundo álbum de estudio, es la confirmación de esa identidad sonora. En él, Kerala Dust se atreve a bajar las revoluciones para explorar territorios más introspectivos, donde la repetición se convierte en trance y la textura en emoción.

El directo como espacio ritual

Si algo distingue a Kerala Dust es su manera de entender el directo. En sus conciertos, las canciones no se reproducen: se reconstruyen. Cada show es una reinterpretación, una conversación entre los tres músicos y el público, donde la improvisación juega un papel central.

La puesta en escena combina visuales proyectados, luces envolventes y una ejecución instrumental que se aleja del formato DJ set. El resultado es una experiencia inmersiva en la que la electrónica se siente tan viva como una banda de rock.

Para muchos, asistir a un concierto de Kerala Dust es asistir a un pequeño ritual contemporáneo: un espacio donde la tecnología no sustituye al alma, sino que la amplifica.

Entradas y horarios

El concierto de Kerala Dust en Madrid tendrá lugar el viernes 24 de octubre a las 21:00 horas en la Sala La Paqui, con apertura de puertas a las 20:00. Las entradas están disponibles a través de TICKETMASTER y en la web oficial del grupo.

Quienes busquen una noche distinta, donde la electrónica se convierta en experiencia sensorial y el beat en narrativa, encontrarán en Kerala Dust un destino imprescindible.