La plataforma musical COLORS tomó durante una noche completa todos los espacios de La Casa Encendida con una programación que unió flamenco, electrónica, performance y cultura urbana.

Esperanza Fernández, Florencia Oz e Isadora O’Ryan, Miguel Ángel Heredia y Los Voluble protagonizaron una velada que terminó con una inesperada aparición de Silvana Estrada.

Ayer a las seis de la tarde ya era evidente que algo poco habitual iba a suceder en La Casa Encendida. La cola avanzaba lentamente por la ronda de Valencia mientras decenas de personas consultaban sus invitaciones en el móvil. El acceso era gratuito, pero nadie tenía garantizada la entrada. La expectativa crecía a medida que se acercaba la hora de apertura.

COLORS Studio y Ballantine’s habían convertido La Casa Encendida en uno de los epicentros culturales de Madrid durante una noche dedicada por completo a la música. Todo el edificio quedó integrado en la experiencia. Desde el patio central hasta la azotea, pasando por las distintas zonas de descanso, los asistentes podían moverse libremente entre actuaciones, encuentros improvisados y una terraza que durante toda la tarde mantuvo un flujo constante de público.

Las tres consumiciones incluidas por la organización ayudaron a combatir la primera gran ola de calor de la temporada madrileña, pero el verdadero atractivo estaba sobre el escenario.

La programación arrancó con la presencia de Esperanza Fernández, su actuación funcionó como una llamada al silencio. Sentados en el suelo, los asistentes acompañaron con respeto un repertorio que reivindicó la fuerza expresiva del cante jondo sin necesidad de artificios. Durante unos minutos el bullicio habitual de este tipo de eventos desapareció por completo.

El contraste llegó poco después con la propuesta de las artistas chilenas Florencia Oz e Isadora O’Ryan. Su intervención mezcló danza contemporánea, voz, percusión corporal y violonchelo en una pieza construida desde la lentitud y la tensión física en una performance que obligó al público a cambiar de registro y observar cada movimiento con detalle.

La tarde continuó con la aparición de Miguel Ángel Heredia, que llevó la copla y el flamenco hacia un terreno escénico más teatral. Su presencia dominó el patio central desde el primer momento. Cantó entre el público, recorrió los pasillos y convirtió el espacio en una extensión de la propia actuación.

Silvana Estrada y Los Voluble cierran una noche difícil de repetir

Los Voluble durante su actuación en COLORS Madrid en La Casa Encendida

Los Voluble llevaron su fusión de flamenco, electrónica y crítica social al escenario de COLORS Madrid / © Un Día, Un Disco.

La gran sorpresa de la noche llegó sin previo aviso. Cuando la programación parecía encaminarse hacia su tramo final, apareció sobre el escenario Silvana Estrada. La artista mexicana, inmersa en su gira europea, hizo una breve parada en Madrid para sumarse a la celebración organizada por COLORS. Bastaron unas pocas canciones para provocar uno de los momentos más comentados de la jornada. Los teléfonos móviles se alzaron de inmediato y la noticia comenzó a circular entre quienes aún permanecían en la terraza o exploraban otros rincones del edificio.

El cierre quedó en manos de Los Voluble, responsables de uno de los espectáculos más celebrados de la noche. Los hermanos sevillanos desplegaron parte de su universo audiovisual, donde el flamenco dialoga con la electrónica, el vídeo experimental y la crítica social. Fragmentos de su proyecto Flamenco Is Not A Crime sirvieron para lanzar mensajes sobre el acceso a la vivienda, la turistificación o la transformación de las ciudades, todo ello acompañado de bases contundentes que terminaron convirtiendo el patio en una pista de baile improvisada.

La propuesta de COLORS Madrid no se limitó a programar conciertos, durante varias horas consiguió algo cada vez menos frecuente en la capital, reunir a públicos muy distintos alrededor de una misma idea de cultura. Aficionados al flamenco, seguidores de la electrónica, curiosos atraídos por la programación contemporánea y público joven convivieron en un mismo espacio sin compartimentos estancos. La sensación era la de haber asistido a algo difícil de repetir exactamente igual, quizá por eso la cola que se formó horas antes terminó teniendo sentido.

Share