La Sala But se convierte en un refugio de calma y belleza con su nuevo disco conjunto, ‘Nuevos bosques’.
Cuando la tristeza se convierte en abrigo

The New Raemon / ©Un Día, Un Disco
Hay conciertos que no se viven: se habitan. El de este jueves 23 de enero en la Sala But fue uno de ellos. Durante todo el recorrido musical, The New Raemon y McEnroe construyeron un refugio en mitad del ruido madrileño. Afuera, el tráfico y los móviles; dentro, un bosque. Uno donde los árboles son guitarras y la savia, letras que gotean lento.
Ramón Rodríguez y Ricardo Lezón salieron sin artificio, sin aspavientos. Dos tipos normales, dos leñadores del alma que vinieron a enseñarnos cómo suena el silencio cuando se afina. Y la But, que suele ser territorio de pogo y cerveza derramada, se transformó en un claro. Allí, el público escuchó con la misma devoción con la que se mira una hoguera.
La alianza del sosiego
El repertorio giró en torno a ‘Nuevos bosques’, su último trabajo conjunto, publicado en 2024. Un disco que continúa la senda de Lluvia y truenos pero con un tono más depurado, más hondo. En directo, las canciones respiran distinto: “La última piedra”, “Agua clara” o “El verano del incendio” suenan como confesiones a media voz entre dos amigos que ya no necesitan fingir nada.
Las voces de Ramón y Ricardo se entrelazan como raíces que no compiten por la luz. Uno aporta la ironía tierna, el otro la gravedad dulce. Entre los dos construyen un paisaje emocional donde el desamor no duele tanto y la nostalgia no pesa: se convierte en materia fértil.
Una comunión sin estridencias
El público respondió con una calidez poco habitual. No hubo gritos ni coros desafinados: hubo silencio atento, respiraciones contenidas, sonrisas pequeñas. Cada canción terminaba con un aplauso que sonaba más a agradecimiento que a celebración. Como si todos supieran que aquello era algo frágil, que si se hablaba demasiado alto podía romperse.
Hubo también espacio para temas de sus proyectos individuales que tejieron puentes con el pasado. Pero el pulso del concierto estuvo siempre en ese nuevo bosque, en ese intento de reconciliarse con la tristeza sin esconderla.
Luz entre los árboles
Cuando sonó “Nuevos bosques”, el tema que da nombre al disco, el público ya estaba dentro del hechizo. Las luces proyectaban sombras que parecían hojas moviéndose, y el escenario se volvió selva interior. No había grandes efectos, solo una banda tocando con la calma de quien sabe que lo importante no es impresionar, sino conmover.
Algo había cambiado. En las miradas de la gente había ese brillo leve que deja lo bello cuando no lo esperas. Quizá ese sea el poder de The New Raemon y McEnroe: recordarnos que la emoción no es un espectáculo, sino un hogar.




